GORDOS VS FEOS

GUERRA DE LOS MUNDOS
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Mucho más importante y determinante que ser rico o pobre, judío o católico, rubio o morocho, gerente o cartonero es, para la sociedad de hoy, ser gordo o flaco. Pertenecer a uno u otro bando determina suerte o desgracia y es por eso que las más pujantes industrias de alimentos, ropa deportiva y suplementos dietarios invierten cifras millonarias en marketing para exprimir el inconmensurable mercado internacional de los que son o desean clonar sus físicos con los de las raquíticas y raquíticos Kate Moss o Mick Jagger.

Descartados los modelos pintados por Botero, la pasión por las costillas a la vista no conoce de límites geográficos, sexuales ni erarios.

Atentos a esta realidad, los padres de clase media para arriba (los otros se conforman si consiguen alimentar a los suyos todos los días) torturan a sus hijos desde la más temprana pubertad en pos de que ellos sean acreedores de un futuro sin grasas, kilos de más? ni sabor. Bajo el lema ?Es por tu bien? se van incorporando generaciones de preadolescentes flacuchentos ajenos a las delicias del helado, la torta de chocolate, un choripán o una hamburguesa completa chorreante de grasa.

¿Es éste el camino correcto hacia la dicha de los chicos del mañana?... Parece que no.
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Si se pudiera analizar la felicidad total acumulada de una vida y compararla entre distintos seres humanos según el índice de masa corporal, los resultados no serían tan obvios como la mayoría puede creer?Ni la delgadez hace a la felicidad ni la gordura a la desdicha. Tampoco es cierta la misma afirmación en términos inversos. Tal como indican los testimonios de médicos, pacientes y psicólogos, la relación kilos-sonrisa depende de cómo evoluciona la contextura desde el nacimiento hasta la madurez. Si bien es cierto que los gordos desde la cuna de la familia de gordos (cuyos padres no desesperan por adelgazarlos= pasan momentos difíciles durante su infancia (cargadas en el colegio, ropa más o menos ridícula, etcétera), también es verdad que durante el mismo período, por ?prejuicio positivo? pueden y suelen hacer uso y abuso de su supuesta condición de ?gordo bueno?, ideal para ganar maestras más comprensivas y amigos incondicionales (con el plus de que, a diferencia de sus pequeños contemporáneos, gozan de vía libre para disfrutar ad infinitum de cuanta golosina, poste o galletita se lance al mercado). Acostumbrados a sonreír para contrarrestar el impacto de una imagen inicial difícil, los gorditos y más tarde gordos, tienen asegurada una vida más o menos feliz, a menos que opten por encarar una dieta o cirugía similar a la que se hizo Diego Armando Maradona. El resultado, si bien puede llegar a ser beneficioso a nivel puramente fisiolóico, es demoledor para el ánimo. Si el método elegido por el paciente para perder peso no resulta por el contrario, la ?operación anti-kilos? es todo un éxito, al margen de que el espejo devolverá una imagen más ad-hoc a los usos y costumbres de moda, nada recompondrá la relación paladar-cerebro, un romance que, diseñado para durar toda la vida, se verá interrumpido por hordas de insípida lechuga o bebidas light.

En resumen: quien nació para gordo a menos que sea masoquista, mejor que se asuma gordo y disfrute del banquete de la vida sin culpas.

Distinto es el caso de los ?engordados?, flacos naturales que, por diferentes circunstancias de la vida (desórdenes hormonales o, en la mayoría de los casos, excesos gastronómicos por ansiedades de origen diverso a una mediana edad encuentran sus cuerpos hundidos dentro de una megapelota de carne informe en la que no se reconocen. Habituados a mirar despectivamente a su alrededor desde su trono de flacos, sienten que el universo les ha jugado una mala pasada. Tras años de comer sin culpa ni engordes, de comprar ropa de cualquier tipo y color (rayas horizontales incluidas) se encuentran con comentarios de la peor calaña, tipo: ?Estás más gordito, ¿no??, ?¿Estás embarazada otra vez???

Hay que decirlo: una vez que el metabolismo se da vuelta, no hay con qué sobornarlo. Quedan para el ex flaco dos cominos diferentes y duros de andar: el de la dieta y el malhumor o el de la conversión a la liga de los gordos. Desde la tribuna, los ?rellenitos?, que siempre los odiaron y envidiaron, apreciarán cualquiera de los dos espectáculos con máximo placer (y un gran paquete de pochoclo en sus manos).

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Comentarios

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uu  quegordas mas feas dios mio madremia y un negro mellado que risa 

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gordas feos y negro mellado tontos nos an echo reir

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que feas las gordas

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mmm bss

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Nose si la comida casera es buena, porque hoy me morfe un paty casero y casi me muero de un infarto a la tetilla. Esas gordas tienen la busarda con 50 rollos. No necesitan usar bombacha porque la busarda les tapA TODO.

Ese negro bigote tiene una cara de chipote pelotudo que lo cagaria a tiros!!

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el negro tiene cara de pelotudo y las gordas obesas me tienen cansado de su obesidad..tengo ganas de matar a alguna ballena..

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